Si dicen mal de ti con fundamento, corrígete; de lo contrario, échate a reír." Epícteto

miércoles, 28 de abril de 2010

LOS MÁRTIRES DE CHICAGO La historia del Primero de Mayo, Día de los Trabajadores y las Trabajadoras.

Publicado el 25/04/2005


Jornadas de 12, de 14, de 16 horas... Las factorías norteamericanas amasaban enormes capitales con mano de obra barata, migrantes mal pagados, mujeres extenuadas, niños que no conocían los días de descanso.

El primero de mayo será la rebelión...

El primero de mayo será la rebelión...

El primero de mayo será la rebelión...

El primero de mayo de 1886, una ola de huelgas sacudió a Estados Unidos. Cinco mil empresas quedaron paralizadas.

En Chicago, las fábricas cerraron, los muelles se clausuraron, y los obreros, en ropa de domingo, llenaron la avenida Michigan.



SPIES ¡Ocho horas para trabajar, ocho para descansar... ¡y ocho para hacer lo que nos dé la gana!

A lo largo y ancho del país, medio millón de obreros y obreras exigían una jornada laboral de ocho horas. En Chicago, 80 mil hacían huelga.


LOCUTORA En la fábrica Mc Cormick hubo un enfrentamiento. La policía disparó sobre la multitud. Seis trabajadores perdieron la vida y los heridos se contaron por decenas.


LOCUTOR Ante la masacre, los dirigentes sindicales convocaron a una nueva manifestación el 4 de mayo en la plaza Haymarket. Era el atardecer de un día lluvioso.

Sobre un vagón y frente a miles de trabajadores, habló Augusto Spies, periodista alemán. Habló Albert Parsons, obrero norteamericano. Hablaron los líderes anarquistas.

De repente, policías fuertemente armados llegaron a la plaza Haymarket. Un capitán ordenó dispersarse a los manifestantes. Le respondieron que el mitin era legal y pacífico.

Entonces, ocurrió…


Una bomba cortó el aire y explotó entre las filas de los uniformados. Un policía cayó muerto y varios quedaron heridos.


De inmediato, los guardias abrieron fuego cerrado sobre la multitud que huyó despavorida quedando atrás 38 muertos y más de 200 heridos.

Los dirigentes fueron apresados. La policía destruyó imprentas, allanó domicilios y detuvo a centenares de huelguistas.



Chicago fue declarada en estado de sitio. Los periódicos pedían la cabeza de los subversivos. El Chicago Tribune editorializaba:

"Para estos vagos harapientos, la mejor comida es una carga de plomo en el estómago".


En el juicio, los testigos declaraban haber visto a los acusados arrojando la bomba sobre los policías.

El fiscal habló de una conspiración extranjera, porque varios detenidos eran migrantes alemanes.

Señores del jurado, denles a estos hombres un castigo ejemplar. Ahórquenlos. Así salvarán nuestras instituciones y nuestra sociedad.

El veredicto no sorprendió a nadie. Pena de muerte para Augusto Spies, Alberto Parsons, Adolfo Fischer, George Engel, Luis Lingg, Michael Schwab y Samuel Fielden.

¿En qué consistió nuestro crimen?... ¡En luchar por un sistema social donde nadie pueda acumular millones mientras otros viven en la miseria!

Hubo manifestaciones de protesta en Estados Unidos y en todo el mundo. Pero de nada valió. La ejecución fue fijada para el 11 de noviembre de 1887.

Al aproximarse la fecha, la sentencia de Fielden y de Schwab fue conmutada por cadena perpetua. Lingg apareció muerto en su celda el día anterior.
En el patio de la cárcel de Chicago se levantaron cuatro horcas. Los condenados llegaron al patíbulo entonando la Marsellesa. Era mediodía.

Mientras lo encapuchaban, Augusto Spies habló por última vez:

¡Llegará un tiempo en que nuestro silencio será más elocuente que las voces de los que hoy ustedes estrangulan!

Los nudos corredizos se apretaron callando para siempre a él y a sus compañeros.

Fueron enterrados en el cementerio de Waldheim. Sobre sus tumbas siempre hay flores rojas.



Pocos años más tarde, en 1893, el nuevo gobernador de Illinois permitió revisar el proceso. El juez Eberhardt probó que los testigos habían sido comprados, que el procurador había escogido el jurado a su antojo y que la bomba había sido arrojada por orden del mismo capitán de policía. Y concluyó:

JUEZ Tal atrocidad no tiene precedente en la historia.

La Segunda Internacional Socialista, celebrada en París en 1889, había aprobado el Primero de Mayo como Día de los Trabajadores en memoria de los mártires de Chicago.





BIBLIOGRAFÍA
http://rwor.org/a/may1/haymark-s.htm

http://www.galeon.com/ateneosant/Ateneo/Historia/SigloXIX/drf-haymarket.html



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