Si dicen mal de ti con fundamento, corrígete; de lo contrario, échate a reír." Epícteto

sábado, 22 de mayo de 2010

Editoriales para Radio

La mayoría de los editoriales radiofónicos son pesados, abstractos, altisonantes, farragosos… no convencen a quienes los escuchan… ¡ni siquiera a quien los lee!

Aquí te proponemos cinco pasos para que hagas buenos editoriales.


La idea central

Aclara primero lo que vas a decir. ¿Cuál es el mensaje que quieres transmitir? ¿Cuál es la idea central de tu comentario?

No quieras abarcar mucho porque apretarás poco. No pienses en cuatro ideas ni en tres ni en dos… una sola idea. Un solo mensaje. Incluso, escríbelo para obligarte a definirlo con claridad. Por ejemplo: Es necesario despenalizar las drogas.

Recuerda que un buen comentario no debe ser largo. Tres minutos son suficientes para desarrollar una idea.



El lenguaje y el tono


Usa siempre palabras concretas, coloquiales, comprensibles. Estás hablando para que te entiendan, no para demostrar tu gran “sabiduría”.

Hay que hablarle a la audiencia en segunda persona (usted, ustedes) y emplear para ello todos los recursos del lenguaje radiofónico: juegos de palabras, golpes de humor, preguntas y admiraciones, comparaciones, pausas, énfasis, imágenes y refranes, hasta efectos sonoros y música de fondo.

No olvides el lenguaje inclusivo. Que tu editorial no sea sexista.

Por la responsabilidad que implica, los editoriales se escriben y se leen. Pero que no suenen “a leído”. El tono tiene que ser convincente, interpelante, motivador.



Contar un hecho

Un buen editorial tiene tres partes. La primera es contar un hecho. No comiences con tesis ni considerandos ni planteamientos generales.

Comienza narrando algo, una anécdota, un ejemplo, una historia. Y cuéntala con emoción. En un editorial debemos ir de lo concreto a lo general (método inductivo), nunca al revés (método deductivo).

La primera frase de esa narración es decisiva para atrapar la imaginación de la audiencia desde el primer momento. Nunca anuncies bobamente lo que vas a hacer: Ahora voy a contarles un hecho que es muy interesante…

Comienza por una frase impactante. Tal vez una pregunta provocativa: (¿Sabía usted que Estados Unidos es el mayor productor y exportador de marihuana en el mundo?). O una frase ingeniosa: (La marihuana no es la solución. Pero tampoco es el problema.) O entra directamente a la narración: (Mariela no podía creer el “negocio” que le estaba proponiendo aquel señor).



Analizar el hecho

El hecho que hemos contado es como el arbolito. Ahora tenemos que ver el bosque, pasar del caso concreto a la situación estructural.

En esta segunda parte del comentario vamos a analizar el caso que hemos mostrado, conocer sus causas, comprender por qué ha ocurrido.

¿Qué es analizar un hecho? Básicamente, es aportar datos (cifras, estadísticas, cantidades) y argumentos (razones que explican ese hecho y que acompañan la reflexión de la audiencia).

Por ejemplo, datos sobre las drogas (8 de cada 10 delitos en nuestro país están relacionados con el narcotráfico). Y argumentos (si las drogas se despenalizaran, se eliminaría el 80% de los delitos en nuestra sociedad, se acabarían las mafias y todas sus secuelas).



Resolver el hecho

Ya vimos qué pasa (primera parte), ya comprendimos por qué pasa. Ahora nos toca concluir el comentario, dar pistas sobre cómo solucionar la situación planteada.

A veces, no se puede dar una salida muy concreta al problema planteado. Otras veces, sí. A veces, nos tocará denunciar y tomar posición frente a una situación difícil. Otras veces, podremos sugerir una vía de solución.

En cualquier caso, proponiendo o protestando, la emisora está tomando posición y comprometiéndose a favor de la ciudadanía y de los Derechos Humanos. Y de eso se trata.

Si importante es la primera frase del comentario, todavía más la última. El remate lo puedes hacer con un refrán oportuno, una pregunta pícara: (¿No es hora ya de despenalizar las drogas y desenmascarar a la banca norteamericana, la gran lavandería del dinero sucio?).

Muchos comentaristas conocen el truco de cerrar el círculo, de retomar a la salida el mismo gancho de la entrada.