Si dicen mal de ti con fundamento, corrígete; de lo contrario, échate a reír." Epícteto

domingo, 28 de marzo de 2010

Poder mediático: la fascinación de la imagen

Poder mediático:
la fascinación de la imagen

Jorge Enrique Oviedo *

Imaginen ustedes la siguiente situación:

Dos policías dialogan en una comisaría, mientras en la ventana y la puerta numerosas personas se agolpan para entrar.

Imaginen ustedes la conversación:

--Esto de televisar en directo los asaltos con rehenes trae sus problemas, comisario. Pedimos testigos oculares del hecho, y ya se presentaron 350.700 personas.

Quien imaginó esto, y lo hizo imagen humorística, fue Roberto Fontanarrosa, en la revista "Viva" del diario "Clarín", hace algunos meses. Como vemos, el humorismo se anticipa muchas veces a cualquier definición y es más sensible a los fenómenos populares que cualquier estudio.

Lo que hizo Fontanarrosa, más allá del risueño impacto, fue interpretar la percepción de una realidad y sugerirnos que él, ustedes, yo, nos hemos transformado en permanentes testigos, en voyeurs o, mejor dicho, en términos más vulgares, en mirones subrepticios y cada vez más indiferentes del espectáculo que se nos ofrece en todo momento.

El humorista satiriza la imagen televisiva desde otra imagen, la del dibujo, y ahora sí podemos ya navegar por el terreno del concepto de imagen. No vamos a entrar en disquisiciones filosóficas sobre todos sus significados y posibilidades sino apenas mencionar que no sólo vivimos en la era de la globalización, de la economía de mercado, sino que vivimos –hace ya tiempo- en la era de la imagen, a tal punto que podemos hablar de una cultura visual. Y hasta de su desarrollo hipertrófico.

La imagen nos envuelve, nos atrapa, nos seduce o repele. Todo está pensado para llamar la atención de la pupila e introducirse sibilinamente en el cerebro: la publicidad, los colores, las letras, las marcas, los envases, los rostros, los espasmódicos videos, las fotografías, los diseños, la ropa, los autos, los electrodomésticos…

La imagen llega a convertirse en un ente especial, autosuficiente. Cuando es realmente efectiva, no necesita idiomas. Uno puede "ver" un huracán, un terremoto. E intuir algo. Casi no necesita "leer".

La imagen –según la Real Academia: "figura, representación, semejanza y apariencia de una cosa"– no es sólo algo predominantemente visual sino también, valga la paradoja, textual. Sólo basta con que prestemos atención a los diarios, revistas, telediarios, o declaraciones públicas de gobernantes, funcionarios, deportistas, empresarios o los mismos periodistas, para que advirtamos la recurrente frecuencia con que usan la palabra imagen.

En este caso nos estamos refiriendo a lo que denominamos "imagen pública", es decir, el conjunto de rasgos que caracterizan ante la sociedad a una persona o una entidad. Así entendida, la imagen es un producto, un ser multiuso, polifuncional, como les gusta decir ahora a los gerentes cuando quieren que sus empleados sepan hacer veinte cosas más de las cien con las que ya los han recargado habitualmente.

Con la imagen pública se puede hacer hoy cualquier cosa: desde crearla (para eso hay consultoras) hasta destruirla (también para eso hay consultoras, o "servicios" especializados).

Veamos algunos de los usos más frecuentes, con ejemplos extraídos de los diarios y revistas:

"Lo respaldó porque en los últimos tiempos su imagen quedó 'esmerilada'" –de un legislador nacional mendocino, citando con este término "técnico" a los entendidos en teorías comunicacionales que se refieren a una imagen desgastada.
"La imagen se encuesta", popular ansiedad de políticos y funcionarios para saber qué opina la gente de ellos, síndrome particularmente virulento en épocas preelectorales.
La imagen también se opera, como lo demuestra este párrafo de una noticia: "Temen que cualquier crisis, que derive en la suspensión de prestaciones del PAMI, afecte la principal operación de la imagen del organismo".
La imagen se gerencia. Ejemplo: la dirigencia de River recibió una oferta del grupo estadunidense Hicks, Muse, Tate & Furts para manejar los derechos de imagen del club a cambio de 330 millones de dólares por diez años.
La imagen se debe mantener, aún a costa de una pretendida y diseñada humildad. Los CEO de las compañías estadunidenses Ford y United Airlines decidieron encargarse ellos mismos de recuperar la imagen de sus empresas haciendo sus "mea culpa" en comerciales publicitarios. ¿Las causas? Pedir perdón por los atrasos aéreos y por los problemas en neumáticos de las Explorer.
La contra imagen. Bill Gates, en pleno juicio, no pidió perdón sino que hizo un comercial para comentar directamente a los televidentes que las tecnologías desarrolladas por su compañía habían beneficiado notablemente a la economía de Estados Unidos y especialmente a cada una de las personas que las usaban.
La imagen se desecha (y cambia por otra). Cuando Al Gore vio que las encuestas le daban mal, anunció que dejaría la campaña de imagen que le habían diseñado las consultoras y que se dedicaría a difundir sinceramente sus promesas.
Y finalmente, para no ser exhaustivos, la imagen se lava. Febril actividad de los últimos días en nuestro país, aunque la efectividad de los detergentes no puede contra la profundidad de las manchas.
Cuando nos referimos al subtítulo de la convocatoria de este panel, "La fascinación de la imagen", creo que nadie deja de esperar que hablemos de la televisión y de su impacto en nuestras vidas y en la sociedad.

Si hay un objeto cuya incorporación ha sido capaz de modificar la estructura de organización interna de un hogar, ese ha sido el televisor. En torno de él se ha transformado la disposición de los muebles de esa habitación pensada para la convivencia que es el living y se ha transformado gran parte de las reglas de juego mismas de una relación familiar, con lo que la conversación ha sido abrumadoramente sustituida por la contemplación muda de la programación.

El impacto de ese aparato supera la condición de electrodoméstico y alcanza prácticamente la dimensión de un tabernáculo.

Su pantalla representa una ventana sobre la realidad y la ficción por donde brota la fuente de información visual más poderosa de la civilización desarrollada, hasta el punto de constituir, por sí misma, todo un universo visual.

Giovanni Sartori es el que más ha reflexionado sobre este universo, y sus palabras no son nada halagüeñas. Desde el título y subtítulo de su obra más famosa, Homo Videns. La sociedad teledirigida (1) está marcando una visión crítica que arranca de la primera línea: "La televisión modifica radicalmente y empobrece el aparato cognoscitivo del homo sapiens". (2)

Tras recordar que las civilizaciones se desarrollan con la escritura, Sartori menciona que hasta la invención de la imprenta la cultura de toda sociedad se fundamenta en la transmisión oral. El salto tecnológico de Gutenberg hace que la cultura se convierta en algo potencialmente accesible a todos.

Ese proceso de reproducción impresa culmina con la llegada del periódico, el diario que se imprime todos los días.

Con la invención del teléfono y la radio desaparecen las distancias y empieza la era de las comunicaciones inmediatas. Sostiene Sartori en este punto que como la radio "habla", difunde siempre cosas dichas con palabras. De modo que libros, periódicos, teléfono, radio, son todos elementos portadores de comunicación lingüística.

La ruptura se produce con la televisión, que significa "ver desde lejos", es decir, llevar ante los ojos de un público de espectadores cosas que puedan ver en cualquier sitio, desde cualquier lugar y distancia. Y en la televisión –cito a Sartori– el hecho de "ver" prevalece sobre el hecho de hablar, en el sentido de que la voz del medio, o de un hablante, es secundaria, está en función de la "imagen", comenta la imagen. Y, como consecuencia, el telespectador es más un animal "vidente" que un animal simbólico". (3)

No quisiera agotar la paciencia de quienes seguramente han hecho de Homo Videns un libro de cabecera, de confrontación o, por lo menos de reflexión sobre este fenómeno. Pero hay un punto que roza la temática de otro panel de este encuentro: el entretenimiento. Sartori dice, cuando comienza a hablar de la video-política, que la televisión se caracteriza por una cosa: entretiene, relaja y divierte.

Particularmente, a mí me preocupa mucho el término "entretenimiento", porque se lo maneja de una forma diría que liviana. Suele decirse de los diarios que informan y orientan, y de la televisión que entretiene e informa. Los defensores de la televisión remarcan el concepto de entretenimiento, que relacionan estrechamente con el espectáculo, y no por nada el panel que habrá en este encuentro abordará la llamada "Industria del entretenimiento".

Si ustedes reparan en la presentación de las películas de grandes o pequeños estudios, en las series de televisión, encontrarán que han desaparecido la denominación, por ejemplo, de RKO Pictures y ha sido cambiada por RKO Entertenmaint. Es decir, hay ya una incorporación a nuestro subsconsciente de que todo es "entretenimiento", llámese películas, series de televisión, programas, videojuegos, ciertos programas de computación, y hasta la gran red, Internet, tiene un gran componente de entretenimiento.

Ahora bien, ¿qué es entretenimiento? Yo tenía la idea difusa, esas percepciones que manejamos en nuestra vida cotidiana sin siquiera contrastarlas, de que era diversión, pasatiempo, y me encuentro con la gran sorpresa de que esa acepción, la de la diversión, recrear el ánimo, para la Real Academia sólo está en tercer lugar. Entretenimiento es la acción de entretener, y de esta, la primera definición de la Real Academia es "Distraer a alguien impidiéndole hacer algo".

¿Podría llegar a creer que con tanto entretenimiento me están distrayendo para impedirme… pensar, por ejemplo?

Hay otros aspectos que me inquietan. Si coincidimos con los defensores a ultranza de la televisión en que "el espectáculo, lo espectacular" está ínsito en el género, algunas deformaciones son preocupantes.

Ya antes de la CNN un editor estadunidense, David Brinckley, señalaba que "la única función que los noticieros televisivos cumplen muy bien es que cuando no hay noticias te las dan exactamente con el mismo énfasis que si las hubiera" (4). Después que Ted Turner inventó la CNN, noticias las 24 horas, el comentario anterior se ha potenciado de una manera alarmante. De ese modo, el planeta vivió la Guerra del Golfo como un videojuego sin sangre ni dolor. Es más: la distorsión televisiva llevó al filósofo Baudrillard a opinar que la Guerra del Golfo no existió. (5)

En este nuevo concepto de la información, dos nuevos elementos fueron apareciendo hasta marcar un antes y un después: la inmediatez y la dramatización de la vida cotidiana.

Todo se quiere saber ya, en este mismo momento, ahora.

Gilbert Cesbron decía que "la televisión nos proporciona temas sobre los que pensar, pero no nos deja tiempo para hacerlo". En una palabra, obra por un efecto acumulativo inmediato. El retornar a Brinckley, y el énfasis que se pone en la televisión haya o no haya noticias, nos conduce a que cuando colocamos un canal de noticias de 24 horas, cuando aparece el fondo rojo, cuando irrumpen la trepidante marcha estadunidense y las letras blancas, no sabemos –ya expectantes, temerosos– si nos van a anunciar el fin del mundo, un nuevo escándalo de corrupción, un choque en una esquina y la versión de alguien que pasaba por ahí, o el dramático caso de un gatito que no puede salir de la alcantarilla.

Todo es igual de dramático, pero está ocurriendo ya. Y eso es lo importante.

"Todo es inmediato", titula un trabajo el escritor español Vicente Verdú (6), íntimamente relacionado con el tema que nos ocupa, aunque traza un paralelismo con la informática. Verdú afirma que "ahora la velocidad está convertida en una condición inseparable de la modernidad y lo moroso es incluso insoportable. Desde la alimentación a la diversión, desde el aprendizaje de un idioma a la curación de un dolor, los procesos tienden a abreviarse, y la creciente impaciencia del sujeto juzga sobre la eficiencia o la incompetencia de la función de acuerdo con sus ritmos. De la comida rápida al videoclip, de los intertextos a las imágenes del zapping, desde la demanda de psicodrogas a los energizantes para no detener la acción, el discurrir de la existencia se ha transfigurado en un destino acelerado que alcanza su punto paroxístico en la conducta instantánea que define el proceder de la actual computadora. La informática, en suma, ha enseñado que cualquier deseo expuesto ante el teclado debe obtener su satisfacción al momento".

Agrega Verdú que "la informática contribuye hoy a provocar la sensación de que todo se encuentra ya realizado y preparado en supertexto, presto en la reserva del interfase. De esta manera, el futuro ha dejado de ser simbólicamente un producto todavía por construir y aparece, en cambio, como un imaginario terminado, listo para ser convocado en cualquier momento y de una vez".

Decía que la dramatización de la vida cotidiana es otra deformación de la televisión que inquieta, como así también la banalización de la vida cotidiana. En el primer caso, por la insistencia en ir aumentando el grado de impacto en la sensibilidad del espectador, por la eliminación de los límites del buen gusto, el recato y el derecho a la privacidad de las personas. Sangre, dolor, llantos, histerias colectivas, desastres, accidentes, todo sirve a los efectos "dramáticos" para despertar la sensibilidad del teleespectador, ayudado por una estética televisiva que privilegia la crispación espasmódica, los planos que van y vienen en pulsaciones nerviosas, los encuadres desestructurados y un ritmo permanentemente trepidante.

Del otro lado, la banalización de la vida cotidiana discurre por el empeño en sacralizar lo más insignificante, con pretensiones de presentar como verdadero lo que con frecuencia no es más que una opinión. Como señala el italiano Telesio Malaspina (7), "a la televisión le encanta dar la palabra a la gente de la calle, con lo que las corrientes más facciosas o necias adquieren la densidad de una corriente de pensamiento". Y agrega: "El uso y abuso de la gente en directo hace creer que ahora ya puede tomarse cualquier decisión en un momento por aclamación popular".

En síntesis, en estos supuestos de la dramatización y banalización de la vida cotidiana, en el mismo exacerbado énfasis que se da a cualquier acontecimiento, está el germen de la creciente indiferencia o insensibilidad del teleespectador, con lo que la saturación crea condiciones opuestas a las buscadas.

El caso de la CNN es emblemático: en agosto se anunció que busca una nueva estrategia para recuperar su audiencia, que está en caída libre. La televisora, consagrada durante la Guerra del Golfo, sufre para mantener el primer puesto en audiencia, porque –reparemos en esto– la actualidad no ofrece suficiente atractivo. "La CNN –opina un especialista en medios de Estados Unidos– necesita permanentemente un escándalo a lo Mónica Lewiski o de un accidente aéreo para tener audiencia". (8)

El famoso presentador estadunidense de televisión, Walter Cronkite, se ufanaba al afirmar: "La imagen no miente". Realmente lo decía convencido, porque entendía que la imagen es la que es y habla por sí misma. Si fotografiamos algo, dice Sartori, ese algo existe y es como es. "No hay duda –afirma a continuación– de que los noticieros de la televisión ofrecen al espectador la sensación de que lo que ve es verdad, que los hechos vistos por él suceden tal y como él los ve. Y, sin embargo, no es así. La televisión puede mentir y falsear la verdad, exactamente igual como cualquier otro instrumento de comunicación. La diferencia es que la 'fuerza de la veracidad' inherente a la imagen hace la mentira más eficaz, y por tanto, más peligrosa". (9)

Sobre la pretendida inocencia, o asepsia, de la imagen, hay muchos ejemplos para derribarla. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la compra y venta de títulos de la Bolsa de París se realizaba al aire libre, bajo los pórticos. Un día, la fotógrafa Gisele Feunda se dedicó a tomar una serie de instantáneas y centralizó sus imágenes en un agente de cambio, que sonreía, pero en ocasiones, con expresión de angustia, exhortaba a la gente con marcados ademanes. La fotógrafa vendió ese material a algunas publicaciones bajo la denominación "Instantáneas en la Bolsa de París". A los pocos días, un periódico belga publicó la foto del agente de cambio sonriente con un título que decía: "Alza en la Bolsa de París, algunas acciones alcanzan un pico fabuloso". La foto del agente de cambio con expresión de angustia salió en un diario alemán bajo este título: "Pánico en la Bolsa de París., se desmoronan fortunas, miles de personas arruinadas". (10)

En diciembre de 1956, el semanario L’Express publicó una doble serie de fotos tomadas en el transcurso del alzamiento húngaro. La idea era demostrar cómo las distintas televisoras habían podido emplear las mismas imágenes para dar visiones totalmente contradictorias de los acontecimientos, aunque aparentemente verdades, con el propósito de poner en guardia al público contra posibles manipulaciones.

Se determinó así que en una televisora la imagen que mostraba a un tanque soviético entrando a la capital de Hungría era presentada así: "Despreciando el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, el gobierno soviético ha enviado varias divisiones blindadas a Budapest para reprimir el alzamiento".

En otra televisora, obviamente oficial, la imagen era mostrada con este comentario: "El pueblo húngaro ha solicitado la ayuda del pueblo soviético. Han llegado varios tanques soviéticos para proteger a los trabajadores y restablecer el orden". (11)

El tratamiento digital de las imágenes ha acentuado el peligro de las manipulaciones, a tal punto que se ha establecido una especie de código deontológico de la fotografía para poner freno a los arreglos. En el caso de la televisión, lo que antes era costoso y técnicamente complicado se ha vuelto barato y fácil. Así, por ejemplo, un país que organice una gran carrera ciclística para promocionar el turismo en esa zona, podría resolver rápidamente la dificultad de que el día de la carrera le saliera nublado: una pequeña modificación y la retransmisión a una cadena le permitirá mostrar un día soleado y cálido. (12)

Eso en cuanto a lo técnico. Ni hablar siquiera de la manipulación de corresponsales que muestran por televisión matanzas que no existieron, tumbas donde los cadáveres eran del otro bando, o falsos reportajes, sin siquiera mencionar el caso paradigmático de la televisación de la Guerra del Golfo. Cómo no recordar, por ejemplo, el caso de un periodista de la televisión, alemán de 38 años, reconocido culpable por la justicia de haber falsificado total o parcialmente una veintena de reportajes, o la condena de casi 3 millones de dólares que impuso la Comisión Independiente de Televisión a una empresa por las falsedades incluidas en un film documental, que fue pasado en 14 países y hasta recibió el premio al "mejor reportaje rodado en condiciones arriesgadas", otorgado por la cadena española de TV3. (13)

La teatralización de los reportajes televisados, destinados a atrapar al gran público con ingredientes de ficción, ya han empezado a despertar muchas críticas, en Europa, sobre todo centradas en periodistas que transforman la información en espectáculo o la presentan como una ficción.

Son apenas ejemplos aislados, podrían ser muchos más, pero que llevan al crítico francés Phillipe Quéau a formular una advertencia: "Cuando más inmersos estamos en el mundo de las imágenes, mayor será la necesidad de tomar distancias respecto de sus apariencias, a sus verdaderos y falsos aspectos, y más necesidad habrá de evitar dejarse engañar por las pseudoevidencias de los sentidos". (14)

Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, se ocupa extensamente de la veracidad o no de las imágenes en sus libros La tiranía de la comunicación y La golosina visual (15). Y puntualiza que "informar ahora es enseñar la historia sobre la marcha o, en otras palabras, hacer asistir (si es posible en directo) al acontecimiento. Se trata –enfatiza Ramonet– de una revolución copernicana, de la cual aún no se han terminado de calibrar las consecuencias y supone que la imagen del acontecimiento (o su descripción) es suficiente para darle todo su significado".

Para Ramonet, "llevado este planteamiento hasta sus últimas consecuencias, en este cara a cara teleespectador-historia sobra hasta el propio periodista. El objetivo prioritario para el teleespectador es su satisfacción, no tanto comprender la importancia de un acontecimiento como verlo con sus propios ojos… Y así se establece, poco a poco, la engañosa ilusión de que ver es comprender, y que cualquier acontecimiento, por abstracto que sea, debe tener forzosamente una parte visible, mostrable, televisable". (16)

Unas palabras ahora para hablar del tema convocante de este panel: El poder mediático. También podríamos hablar de la sociedad mediática, de los funcionarios sólo mediáticos (que se arreglan la corbata apenas se enciende una luz), de la justicia mediática. En fin, que el término se nos ha venido encima y ya lo hemos adoptado, sin pensar siquiera el origen.

El traductor de Ramonet lo reconoce: "El anglicismo media, incorporado ya a diversas lenguas como denominación abreviada de "medios de comunicación de masas" (mass-media), se usará a lo largo de todo el libro ante la ausencia de una expresión adecuada en español que incluya, en una sola palabra, prensa, radio, televisión, cine… (17)

Es cierto: en el español no hay nada, todavía, y lo más cercano a mediático en la Real Academia es mediatizar, que por supuesto no se le aproxima. Pero si no está en el diccionario mayor de nuestro idioma, el término mediático sí está en el pensamiento de un académico, Fernando Lázaro Carreter, que en las chispeantes y eruditas notas sobre el idioma reunidas en su libro El dardo en la palabra se ocupa de él con tanto gracejo que me permitirán ustedes leerla aquí:

"La palabra es aún niña en Francia, tiernamente adolescente como mucho: sólo han pasado doce o trece años desde su invención allí. "Médiatique" se emplea para calificar lo concerniente a los medios de comunicación, o a lo transmitido por ellos. Y con tan escasa edad, ya se pasea con disfraz hispano y pisando fuerte por nuestras prosas habladas y escritas, confiriéndole un alto grado de distinción. Así, se dice, se oye, que vivimos en una sociedad mediática, queriendo significar con centelleante concentración la importancia, constitutiva casi, que en la sociedad contemporánea poseen los "media" o medios por antonomasia. Es evidente que ciertas corrupciones hubieran permanecido ignoradas sin la acción "mediática", y fuentes "mediáticas" de toda solvencia aseguran que el gobierno está resuelto a aplicar el programa de su partido si gana las próximas elecciones."

(Una acotación: recuerden que estos últimos conceptos están referidos a España… y no tienen nada que ver con nuestro país.)

Agrega Lázaro Carreter: "El vocablo se ha puesto de moda y nadie que se precie en ese mundo, y en el político, hermano suyo en echarle rumbo al lenguaje, perderá la ocasión de usarlo y de abrillantarse con él. Mediático se ha formado, resulta obvio, partiendo del segundo componente del inglés mass media, un latinismo crudo (plural de medium) al que se le ha pegado el fecundo sufijo del mismo origen (-ático. Los italianos, que también gozan metiéndole espuela a su fastuosa lengua, han creado massmediatico, que tiene más cuerpo y aún menos alma, pero está aún sin descubrir por nuestros oteadores. Ojalá se les escape: ya nos basta con este nuevo inmigrado, tan patéticamente pedante. Sin poder remediarlo, se me asocia con el otro medium, el de los espíritus, y tiene una faz tan redicha que parece inventado para albergar un concepto esotérico en compañía de voces tan arcanas para los profanos como iniciático, melismático, entinemático… Pues no: sirve sólo para darse postín". (18)

Ahora estamos asociando mediático con poder, ese modo de acción sobre las acciones de los otros. Y lo asocio con aquel ya viejo concepto de cuarto poder, denominación que se daba a la prensa –en realidad a la información en su concepto global–, en oposición a los tres poderes tradicionales, ya que se entendía que la prensa tenía la misión republicana de juzgar el funcionamientos de los otros tres (Ejecutivo, Legislativo y Judicial).

Algunos autores, como Ramonet, sostienen que "si se quisiera clasificar los poderes, como se hacía en los años 20 o 30, se vería que los media han ascendido, han ganado posiciones y que hoy se sitúan, como instrumento de influencia por encima de un buen número de poderes formales (19). Claro que si bien ha subido posiciones en el ranking de poderes, podríamos ubicar al poder mediático en el segundo, detrás por supuesto del primero de todos, el poder económico.

Si prestamos atención a la terminología, antes hablábamos de cuarto poder, que lo referenciaba a la prensa en particular, y ahora nos estamos refiriendo a poder mediático, es decir, el conjunto multimedia y con particular énfasis en lo audiovisual.

Los avances tecnológicos, por una parte, y la globalización, por otra, han impulsado la profunda transformación de la industria de la comunicación, con una marcada e inquietante tendencia a la concentración de medios.

A este vertiginoso proceso, en el que no podemos olvidar dos deformaciones como la superbundancia de información y la deportitis, se suma la exaltación virtual que es Internet, otro terreno donde la imagen, el clip permanente, el shock emocional, se asocian con toda la información que pueda imaginarse.

¿Información dije? ¿No era que solamente los periodistas manejaban la información? Ya no, todo el mundo está poniendo información en Internet, y a tal punto se desfigura el rol del profesional de la comunicación que ya no se habla de "información" en Internet, o en los multimedia, sino de "contenidos", o el "producto", como lo denominan los adoradores del nuevo dios, el marketing.

Quizá sería interesante, para otra ocasión, hablar del nuevo papel del periodista en este veloz proceso, de su difícil adaptación a escribir o hablar a veces simultáneamente –dentro de un multimedia– en términos de diario, radio, televisión o Internet; de su transformación en periodista digital, de la desconfianza crítica que está generando en muchos sectores de la sociedad más próximos a ver que comprender.

Mucho ha cambiado en la vida periodística. Y si bien tenemos presente la denuncia de Joaquín Morales Solá, recordamos con nostalgia los tiempos en que el periodismo escrito podía derribar al presidente Nixon.

Y más atrás aún, recordar que hasta Superman fue periodista.

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Referencias

SARTORI, GIOVANNI: "Homo videns . La sociedad teledirigida", Taaurus, España, 1998
SARTORI, ib, pag. 17
SARTORI ,ib. Pag. 26
Citado por DOVAL, GREGORIO: "Florilegio de frases envenenadas", Ediciones del Prado, Madrid, pag. 294
BAUDRILLARD, PIERRE: "La Guerra del Golfo no existió", Ed. Anagrama, España
VERDU, VICENTE: "Todo es inmediato", diario El País, Madrid, 7 de setiembre de 2000.
MALASPINA, TELESIO: "Difendiamoci dalla televisione", L’Expresso, 10 de diciembre, 1995.
Agencia AFP, 31 de agosto de 2000.
SARTORI, ib. Pag.99
ABREU, CARLOS: "La importancia del entorno periodístico" (Sala de Prensa 2000, http://www.saladeprensa.org.
ABREU, ib. http://www.saladeprensa.org.
GRIJELMO, ALEX: "El estilo del periodista", Taurus ediciones, Madrid, 1998
RAMONET, IGNACIO: "La golosina visual", Debate, España 1999.
QUEAU, PHILLIPE: "Alerte, leurres virtuels", "Le Monde Diplomatique, febrero 19994.
RAMONET, IGNACIO: "La tiranía de la comunicación", Debate 1999. "La golosina visual", Debate, 2000.
RAMONET, ib.pag 25
"La tiranía de la comunicación", pag. 9
LAZARO CARRETER, FERNANDO: "El dardo en la palabra", Círculo de Lectores, 1998, pag.720.

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* Jorge Enrique Oviedo es director periodístico del diario Los Andes de (Mendoza, Argentina) fundado en 1882. Exprofesor en la Escuela Superior de Periodismo, ha ganado premios nacionales de periodismo en certámenes organizados por Círculo de la Prensa y Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) y la Feria Internacional del Libro. Poeta y escritor, su novela El Viejo obtuvo el premio nacional del Fondo Nacional de las Artes. Esta ponencia fue leída en las Jornadas de Pensamiento Contemporáneo organizadas por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires, y es su primera colaboración para Sala de Prensa.